No importa qué cargas afrontemos en la vida, sean consecuencias de condiciones naturales, de la mala conducta de los demás o de nuestros propios errores o limitaciones, todos somos hijos de un Padre Celestial amoroso que nos ha enviado a la tierra como parte de Su plan eterno para nuestro desarrollo y progreso. Nuestras experiencias singulares e individuales nos ayudarán a prepararnos para regresar a Él. Nuestra adversidad y aflicciones, por más difíciles que sean de soportar, desde la perspectiva eterna no durarán más que por “un breve momento; y entonces, si lo[s] sobrelleva[mos] bien, Dios [nos] exaltará”1. Debemos hacer todo lo posible por sobrellevar “bien” nuestras cargas, dure lo que dure ese “breve momento”.
Las cargas proporcionan oportunidades de poner en práctica las virtudes que nos llevarán a la perfección, nos invitan a “someter[nos] al influjo del Santo Espíritu, y [despojarnos] del hombre natural, y [hacernos] santo[s] por la expiación de Cristo el Señor, y [volvernos] como un niño: sumiso[s], manso[s], humilde[s], paciente[s], lleno[s] de amor y dispuesto[s] a someter[nos] a cuanto el Señor juzgue conveniente imponer sobre [nosotros], tal como un niño se somete a su padre”2. De esa manera, las cargas llegan a ser bendiciones, aunque dichas bendiciones a menudo estén bien disfrazadas y quizás se requieran tiempo, esfuerzo y fe para aceptarlas y comprenderlas.
El observar los convenios bautismales ayuda a aliviar nuestras propias cargas, así como las de las almas agobiadas a las que prestemos servicio10. Quienes brindan tal ayuda a los demás caminan sobre suelo santo. Al explicar esto, el Salvador enseñó:
“… ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos?, ¿o sediento y te dimos de beber?
“¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos?, ¿o desnudo y te cubrimos?
“¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?
“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”11.
“…aliviaré las cargas que pongan sobre vuestros hombros, de manera que no podréis sentirlas sobre vuestras espaldas, mientras estéis en servidumbre; y esto haré yo para que me seáis testigos en lo futuro, y para que sepáis de seguro que yo, el Señor Dios, visito a mi pueblo en sus aflicciones.
Tan simple...y funciona.
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